Siempre hemos asociado el aprendizaje, en cualquier momento de la vida, a la adquisición de un contenido. Si solo nos quedamos en el mero hecho de saber (recordar) el conocimiento, estamos hablando de un un nivel de complejidad muy bajo a nivel cognitivo.
Si queremos ir a niveles de complejidad mayores (comprender, aplicar, analizar, evaluar y crear), y por tanto de mayor comprensión, debemos instaurar una cultura de pensamiento en la que se den las condiciones para poder llevar a cabo aprendizajes de nivel superior.
La primera de ellas sería el espacio donde vas a trabajar y vas intentar reunir las condiciones necesarias para que de lugar un ambiente de pensamiento y aprendizaje.
La segunda, el pensamiento visible, sería la preparación y seguimiento en todo momento del proceso de aprendizaje, siendo este un acto consciente y en el que sabemos en qué momento del aprendizaje estamos y qué impacto está realizando lo que hemos hecho hasta ese momento.

Según el Dr. Ron Ritchhart, una de las voces más respetadas si hablamos de cultura de pensamiento, el objetivo esencial de la cultura es llegar a una buena comprensión del aprendizaje.
Ron Ritchhart en su libro “Intellectual Character” explica que “una cultura de pensamiento se crea en aquellos lugares en los que el pensamiento individual y de grupo es valorado y se hace visible, y se promueve de forma activa como parte de las experiencias cotidianas y habituales de los miembros del grupo”.
La cultura de pensamiento no es una idea, una corriente ni una metodología; la cultura de pensamiento es un “lugar” en el que hay una serie de ámbitos bien definidos y que se tienen que cumplir para que se dé ese ambiente de pensamiento y aprendizaje.
Los investigadores del Proyecto Zero encontraron ocho condiciones necesarias para crear una cultura de pensamiento en el aula y que debemos tener en cuenta a la hora de desarrollar las habilidades de pensamiento de nuestros alumnos. Hemos visto que ser buen pensador significa tener habilidades de pensamiento, pero para que estas habilidades se conviertan en parte de la conducta deben desarrollarse y fomentarse, haciéndolo visible y valorado.

El pensamiento visible es saber de manera consciente en qué momento del aprendizaje estamos, qué impacto ha recibido el alumnado con las medidas que se han tomado y cuál va a ser el feedback que vamos a dar al alumnado.
Es obvio, pero el docente es el principal actor del proceso de aprendizaje. Para que haya aprendizaje y enseñanza visible debe haber un docente evaluador y activador.
Es importante en este punto distinguir el docente experimentado del docente experto.
Los profesores y profesoras expertos pueden identificar los modos más importantes en los que representar la materia, crean un clima óptimo para aprender en clase, controlan el aprendizaje y proporcionan feedback, creen que todos sus alumnos pueden alcanzar los criterios de éxito y sobre todo influyen en los resultados profundos y superficiales del alumnado.
El docente debe ser consciente del proceso de aprendizaje del alumnado, pero también debe evaluar su propio proceso de enseñanza, que efecto tiene sobre el alumnado en su inspiración, sus reacciones, su ritmo de aprendizaje y la consecución de los retos.
Es importantísimo saber los conocimientos previos del alumnado, ya que serán la base sobre la que cimentamos todo el aprendizaje. También debemos conocer la motivación del alumnado por aprender, estrategias que poseen para aprender y la confianza en aprender.
Debemos marcar objetivos ambiciosos pero realizables. Los objetivos tienen que ser desafiantes, tiene que haber un compromiso por parte del alumnado y debe generar confianza en poder alcanzarlos.
Debemos hacer que el alumnado tenga unas expectativas sobre su propio aprendizaje y sepa evaluarse. Y debemos intentar que el aprendizaje sea de alto nivel de comprensión.
Todo aprendizaje debe empezar entendiendo bien la intención de ese aprendizaje y cuál va a ser el éxito en el proceso de aprendizaje.
Debemos crear un clima de aprendizaje en la que el docente sea consciente de que todo el alumnado está preparado para aprender. Deberíamos hablar menos y preguntar más para que el alumnado pueda hablar.
Tenemos que dejar muy claro cuales son los criterios de éxito del aprendizaje y que nivel de profundidad vamos a conseguir. Debemos evitar las etiquetas en el alumnado. Es un momento propicio para activar a los alumnos y para evaluar ese impacto en los alumnos.
El proceso de aprendizaje debe tener una etapa de tensión, de desconocido, para que sepamos que es un reto y la persona que va a aprender le motive aprenderlo. Si entendemos este proceso pasaremos del “enseñar” al “aprender”.
Debemos ser conscientes de que hay varias formas de cómo aprende alguien: formas de pensar: sensorio-motriz, preoperacional, operaciones concretas y operaciones formales (Piaget); capacidad para pensar a varios niveles: aprender ideas, relacionarlas y ampliarlas; forma de catalizar el aprendizaje: en qué momento está y cómo vamos a seguir trabajando para llegar a los criterios de éxito; competencia en el aprendizaje: principiante, capaz, competente.
El proceso de aprendizaje siempre será entendiendo bien cuáles son los criterios de éxito y cuál va a ser el camino que voy a seguir para poder llegar a ellos.
El docente deberá ser consciente en todo momento en que “momento” está el alumnado para poder dar un feedback y una estrategia apropiada para poder seguir trabajando.
El feedback debe intentar reducir la brecha entre los conocimientos previos y los criterios de éxito. Debe ser un proceso transparente para que el alumnado sepa en qué momento está y cómo vamos a llegar a los criterios de éxito.
Hay tres preguntas clave: ¿A dónde voy?, ¿Cómo voy a llegar ahí?, ¿Cuál es el siguiente paso?.
Tenemos la costumbre de que el único que hace feedback en clase es el profesor y hemos de saber que el resto del alumnado es un precursor muy potente de hacer feedback mucho más efectivos del que a veces podemos realizar. También es bueno recordar que el feedback no tiene que ser siempre calificador, el proceso que se quiere transmitir es un movimiento del aprendizaje en el que se va creciendo gracias a estas aportaciones.
Características de un feedback que mejora el aprendizaje:
Debe ser un proceso de evaluación del aprendizaje del alumnado y de la práctica docente. El docente debe interpretar la evidencia sobre su impacto en el alumnado.
Debemos de evaluar la experiencia desde el punto de vista del docente, pero también desde el punto de vista del alumno.
También es el momento para que el alumno/a reflexione sobre su proceso de aprendizaje.

La metacognición es una habilidad nos permite comprender y ser conscientes de nuestros propios pensamientos.
Entre las muchas características de esta habilidad que sirven para definirla se destacan:
La metacognición ayuda a los alumnos y alumnas a ser autónomos en su aprendizaje y a mantener una actitud crítica sobre la información, sobre el conocimiento y sobre sus propias estrategias de aprendizaje.
Aunque podamos aprender sin saberlo, lo que se llama conocimiento tácito, para el alumnado es mucho más necesario que haya un intento deliberado de encajar o asimilar el nuevo aprendizaje. Debemos ser explícitos tanto en el aprendizaje como en el pensamiento que el alumnado vaya a usar para que el objetivo perseguido tenga mayor eficacia y eficiencia.
Se trata de ser conscientes de qué se quiere aprender, por qué, para qué, cómo, lo que nos va a costar, qué estrategias deberemos seguir para lograrlo y, una vez aprendido, poder evaluar y mejorar para futuros aprendizajes.