Existen numerosas maneras de definir la creatividad, de acuerdo con distintos énfasis y extensiones. Una definición relativamente breve e integradora es la siguiente:
La creatividad es la capacidad para formar combinaciones, relacionar o reestructurar elementos conocidos para alcanzar resultados, ideas o productos a la vez originales y relevantes. Sería hacer un uso infinito de los recursos finitos de los que disponemos.
Esta capacidad puede atribuirse a las personas, grupos, organizaciones, y también a toda una cultura. En medida importante la creatividad equivale a una cierta manera de utilizar lo que está disponible, a hacer un uso infinito de recursos necesariamente finitos.
Según Edward de Bono esto no es así. La creatividad es una habilidad que se puede aprender, desarrollar y aplicar. Y no es posible aprender una habilidad si no se practica. El uso y la práctica de la creatividad es la mejor manera de desarrollar la habilidad mental y los hábitos mentales del pensamiento creativo.
El pensamiento creativo está muy valorado en nuestras sociedades, en las que la innovación y el cambio juegan un rol importante. En él intervienen la memoria, la inteligencia, la imaginación y otros procesos mentales complejos que conducen al pensamiento original. Es lo que nos diferencia de la inteligencia artificial.
En Genios Geniales se practica la creatividad como rutina diaria, tanto entre nosotros como en nuestros talleres y extraescolares.
De cada proyecto, actividad o reto tenemos un producto final que debe ser creativo (inventar un lenguaje, un baile, una canción, un cuento, construir un edificio, un coche, grabar un vídeo, etc.). Y a su vez responder a los criterios que debe cumplir para desempeñar su función o trabajar aquellos conceptos que creemos importantes.
Ningún producto es igual que otro y todas las ideas valen para mejorarlos.